microrrelatos, Relatos

Guárdame el secreto

ojos_de_gatoDesde una viga del techo observaba divertido la situación. Mamá buscaba dentro de un armario, papá se agachaba para mirar debajo de la cama y su hermana pequeña gritaba su nombre haciéndose altavoz con las manos. Él, desde su atalaya, no paraba de sonreír. Tommy, el pequeño cachorro de la familia que convivía con ellos, se acercó como un experimentado equilibrista por la viga y le observó con seriedad. El gato se llevó el dedo a los labios y susurró: “No digas nada humano, llevamos tres horas jugando al escondite y aún no me han encontrado…”.

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Recuerdos, Relatos

Hablo de ti

8C1895B5-7DF2-4F62-A23D-402367311AADHablo de ti, pero sin pena. Sencillamente, hablo de ti. Estos días he pasado, con el coche, por la orilla de la playa donde solíamos ir a pescar tú y yo, y aunque todo ha cambiado, parece que todo siga igual. La vía del tren por la que teníamos que cruzar para llegar a la orilla. Las mismas rocas por las que caminaba, primero cogido de tu mano y luego, cuando ya sabía que yendo detrás de mí nada podría pasarme, a unos metros de ti. El olor del mar era exactamente el mismo, y la brisa que me rozaba la cara era la misma de entonces también. Y llegábamos al borde de las rocas y me decías “Vamos a echar las cañas aquí”. Y yo sonreía, y empezaba a montar las cañas, a colocar el cebo como tú me habías enseñado. Ya no hacía sol pero yo iba con mi gorra verde, ¿te acuerdas?, y tú, porque en todo hay grados, con tu gorro de pescar. Ese gorro que luces en tantas fotos, que ahora guardo yo y que de vez en cuando miro con un sentimiento de nostálgico cariño. Y una vez lanzadas las cañas, una vez colocadas en sus soportes (y después de que, por qué no decirlo, alguna vez te “enfadaras” conmigo porque el hilo de mi caña se cruzaba con el tuyo), una vez hecho todo esto, decía, y nos sentábamos uno al lado del otro, y hablábamos. Me contabas cosas que ahora, cuando las relato yo a alguien, me hacen sentir que me las decías precisamente para eso, o quizá la distancia me hace verlo ahora así, qué se yo… Yo te miraba, sonreía y te preguntaba. Te preguntaba mucho. Te preguntaba sobre todas las cosas que se me ocurrían, y tú nunca me negaste una respuesta a nada. Me enseñaste a ser curioso, a preguntarme el por qué de las cosas, y sobre todo, me enseñaste a ser una buena persona. ¿Quién diría que hacías todo aquello cuando nos íbamos a pescar juntos, verdad? Y al final de la noche, con más sueño que peces en el cubo de las capturas, volvíamos a casa. Felices. Así pasó aquel tiempo, o así lo guardo en mi memoria y así me gusta recordarlo. Y ese recuerdo se aviva ahora que hablo de ti. Hablo de ti, pero sin pena. Sencillamente, papá, hablo de ti.

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Relatos

La sábana en el suelo

glass-63341_960_720La primera vez que le pasó, pensó que lo había hecho él mismo. Quizá se movió durante la noche y la sábana fue a parar al suelo. Era la explicación más lógica, o quizá la que más fácil le resultaba creer. Cada noche antes de acostarse metía y remetía la sabana entre el colchón y el somier, y cada mañana, invariablemente, ésta aparecía hecha un montón al lado de su cama. Intentó quedarse toda la noche despierto, haciéndose el dormido para atrapar a ese ser que le despojaba del trozo de tela con el que se protegía del frío toda la noche, pero era imposible. Nada ocurría en la oscuridad mientras aguantaba la llegada del sueño, pero cuando sus ojos se cerraban en busca del descanso que ansiaban, la primera imagen que veían cuando volvían a abrirse era invariablemente la misma: la sábana en el suelo, en el lado derecho a los pies de su cama, y esa sensación de frío que le recorría el cuerpo cada madrugada. Sigue leyendo

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